Juntos
Estaban juntos. Eso pensaba Otee mientras miraba en silencio al muchacho de rostro serio y cabello castaño que tenía frente a sí. Juntos.
Algo en el interior del joven se agitó. El otro pareció notarlo, pues esbozó una sonrisa. Otee alzó una mano y el chico de enfrente lo imitó, pero ambos se detuvieron antes de llegar a tocarse. Llevaban tiempo esperando ese momento. El mero roce de sus dedos, el contacto físico entre ellos había sido imposible hasta entonces.
Temeroso, Otee miró a su alrededor. Allí no había nadie. Nadie que los viese. Nadie que los juzgase.
Volvió a centrar su atención en el otro chico, que se mordía el labio inferior con evidente nerviosismo. El gesto atrajo la mirada de Otee hacia su boca, y un pensamiento cruzó fugazmente la mente del joven
<< ¿Por qué no?>> se dijo. Y sin querer pensarlo más, se inclinó sobre su amado compañero con los ojos cerrados…
El golpe fue peor por inesperado. Confundido, Otee se frotó la nariz, que había sufrido un choque con una superficie lisa y fría. El otro muchacho hizo lo mismo, no menos asombrado.
Una rabia desconocida se apoderó de él. En un impulso, Otee golpeó aquello que les separaba. El cristal se resquebrajó a causa del impactó. Dio varios puñetazos más.
Finalmente, una parte del cristal se desprendió, hecho ya pedazos que se convirtieron en añicos al caer al suelo. Otee no se preocupó por ello, pues lo único que le interesaba era el hueco que había quedado en la barrera transparente.
El joven de cabello castaño no estaba al otro lado.
Su corazón se llenó de angustia. Comprendía, y sufría
Estaban juntos, sí. Igual que siempre. Juntos, pero sin poder verse. Juntos, pero sin poder abrazarse. Juntos pero, y acababa de comprobarlo, sin poder besarse.
Aquel día Otee, un muchacho de cabello castaño y rostro serio, abandonó una habitación con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Tras él quedó el espejo roto, con sus minúsculos trocitos desparramados alrededor.
Aquel día Otee, un muchacho de cabello castaño y rostro serio, abandonó una habitación con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Tras él quedó el espejo roto, con sus minúsculos trocitos desparramados alrededor.
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