miércoles, 23 de enero de 2013

Una bonita escena del crimen

Este lo tenía reservado y, cómo he dicho en mi última entrada, tengo que ponerme a utilizar el blog en serio. A mí me gusta ¿qué os parece?

Una bonita escena del crimen 

Pues ya está hecho. Ha sido fácil: una cerradura forzada, un par de tiros y listo. Llevo guantes y me desharé del arma en el primer contenedor que encuentre. Todo marcha según lo previsto.

Lo que no me convence es la escena del crimen, empezando por el cadáver. Tiene una expresión muy estúpida, con los ojos abiertos de par en par y el principio de un grito congelado en su boca. No se lo reprocho, dadas las circunstancias, aunque hubiera quedado mucho mejor si hubiera estado dormida como debería estar. ¿Qué horas son estas para estar con el móvil? Lo recojo del suelo, donde ha caído, y observo la pantalla: fotos del Tuenti. Estas adolescentes viven totalmente enchufadas con tanta red social. Me pregunto cómo reaccionaría si pudiera verse a sí misma tal y como está ahora, como van a verla los policías.

¡Los policías! ¡Tengo que irme ya! Pero… me da pena dejar que la encuentren así. Ninguna chica de su edad, aun  muerta, merece que la fotografíen con semejante aspecto. La cara, el pelo sin arreglar, ese ridículo pijama de muñequitos… Esa no es manera de abandonar este mundo, no señor.

Me acerco a su armario. Creo que se lo debo, después de todo. Veamos: chándal, vaqueros, camisetas de Bershka… Se parece bastante a la ropa de mi Rosa, salvando la diferencia de tallas. ¿Y esta falda? ¿Pero con esto no enseña las bragas? Hay que ver como visten algunas. La ropa de ir a clase no está mal, pero busco algo un poco más arreglado. Es una ocasión especial. ¿Es que esta chica no tiene nada decente? Ah, aquí hay un vestido negro que valdría para una fiesta o para un funeral: ¡es perfecto! Y combina genial con estos zapatos. Y con un collar de perlas. Sí, eso le voy a poner. Estará guapísima. Para que luego diga mi Rosa que los hombres no nos fijamos en la ropa. Hablando de Rosa, necesito un regalo para nuestro aniversario y estoy seguro de que este bolso le encantaría. Me lo voy a llevar, que a la chica ya no le hace ninguna falta.

Bien, fuera pijama, dentro vestido. Es decir, ella dentro del vestido, si es que consigo pasarle el brazo por la manga. A ver esos dedos… ¡ya está! Subo la cremallera y le pongo los tacones. Voy a acostarla bien, que está un poco torcida. Los ojos mejor cerrados y a ver si puedo mover las comisuras de la boca. Los labios juntos, estiro un poco, subo y ¡voilà!, ya tenemos una bonita sonrisa. Aunque la sangre da un poco de mal rollo.

A ver si en esta bolsa de aseo tiene algo que me sirva… bien hay toallitas y maquillaje. Le limpio la frente y disimulo el agujero de la bala con colorete. No ha quedado muy bien, pero tampoco creo que se queje. También le pinto los labios de rojo. Me gusta el color rojo, es provocativo, aunque no a todas las mujeres les sienta bien (alguien tendría que decírselo a Rosa). Con el lápiz de ojos no me atrevo, con el pulso que siempre he tenido para dibujar acabaría haciéndole la raya en la nariz. En lugar de eso, le cepillo un poco el pelo y uso el flequillo para tapar el agujero de la frente. Mucho mejor.

Solo me faltan las perlas. Busco por todas partes, pero al parecer no hay. Y dudo que las tenga escondidas, porque la habitación está hecha un desastre. Así no hay manera de buscar pruebas de un delito. Es más, si estuviera un poco más desordenada me echarían la culpa a mí. Y claro ¿qué opinión se iban a llevar de mí esos agentes?

Tengo que recoger un poco antes de que lleguen. Algo rápido. Estos papeles a la basura. La ropa sucia del suelo y la de la silla, al armario, como hacemos todos cuando hay visitas inesperadas. Estas revistas, SuperPop, Cosmopolitan, bien apiladitas en el escritorio. Mira, aquí está su agenda abierta. Dios mío, pero que chorrada de dedicatoria. A ver los deberes de mañana. Matemáticas y francés. ¡Ja! Seguro que no ha hecho nada. Y el jueves tenía examen de Física y Química. En fin, eso que se ahorra. A ver si tiene algo de dinero en los cajones, que puestos a delinquir…


Esto ya está mejor. Lo he “curioseao” un poco, como dirían en mi barrio. Lástima no tener a mano una escoba y un plumero para terminar de arreglarlo. Supongo que no debería preocuparme tanto por estas cosas, sobre todo viendo por la ventana como asoma un coche de policía por la punta de la calle, pero qué menos se le puede pedir a un asesino en serie que que sea un poco maniático. Si la obsesión por la limpieza fuera un delito, a quien tendrían que encerrar es a mi madre, que ve manchas a distancia. Sobre todo en la ropa. Seguro que me habría dejado el escenario precioso. Y tiene un montón de collares de perlas… La próxima vez me la voy a llevar para que me ayude. Si es que hay próxima vez, porque ya tocan a la puerta. Eso me pasa por  entretenerme tanto con tonterías. Soy un imprudente, mi madre siempre lo dice. Siempre dice “¡hijo, tienes que tener más cuidado!”, y mira lo que pasa por no hacer caso a las madres.

De todas formas, no me preocupo mucho. Si yo fuera policía nunca me arrestaría a mí mismo porque, sinceramente, un asesino que se viste bien a sus víctimas, que ordena sus habitaciones, que roba cosas de escaso valor para su novia y que planea reclutar a su madre como cómplice ¿quién se lo va a tomar en serio?

No hay comentarios:

Publicar un comentario